martes, enero 20

El Clínicas


El Clínicas
Cargado originalmente por Alberto Cantarilla
Algo de fotografía para llenar el título...
Como siempre se pueden ver mis "trabajos" en flickr..
Saludos..

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2009 - Alberto Cantarilla

martes, enero 13

6 cuentos para aburrirse en verano (Parte 3)

Otra vez, sí... tercer cuento de la entrega, que como siempre, empieza bien y a medida que va pasando se hace cada vez más y más aburrido y feo...
Hoy "El Sueño"...


"El Sueño"

Se acostó, y sin pensar en nada, se durmió profundamente. En unos instantes empezó a ver y sentir aquello que la realidad y la vida no le dejaba ver, tener o tocar.

Sintió una gran felicidad, su sueño era su realidad más querida. Su irracionalidad, o su razón dormida eran todo lo que quería. Algunas veces pensaba en no despertar, en quedarse para siempre en ese sueño, en dormir eternamente para estar con lo que quería. Pero despertaba, se alejaba de todo lo que deseaba; entonces pensaba en que cuando terminara el día, se reencontraría con todo eso.

Así vivía, peleando con sus pensamientos durante el día, para reencontrarse con las cosas más queridas en la noche, en sus sueños, en sus pensamientos más oscuros, ocultos, privados. Así era feliz, sabiendo que todas las noches podría tener todo lo que deseaba.

Fue envejeciendo, como le pasa a todas las personas que entran en años, fue durmiendo cada vez menos horas. Se fue deprimiendo, cada vez tenía menos tiempo para soñar. Estaba insomne gran parte de la noche, pensaba que estaba muriendo, que estaba perdiéndolo todo, todo eso que tenía tan solo en sueños. Sus sueños se fueron pareciendo, cada vez más, a su realidad despierta. Vagaba las mañanas y las tardes por la ciudad, mirando todo, tratando de tomar sueño, de cansarse, para encontrarse con todo lo que quería a la noche. Pero nada lo agotaba para poder dormir por noche.

Seguía el viejo paseando por la ciudad, ya encorvado, de bastón, marcado por las penas, por los años. Caminaba lentamente, mirando el suelo, decepcionado. Se sentaba en los bancos de una plazoleta, alimentaba las palomas con sus penas, hablaba con algunos chicos, les contaba lo bueno que era soñar, lo feliz que era cuando soñaba. Les contaba historias de sus sueños, las cosas que hacía, los lugares que conocía. No existía la tristeza en sus sueños. Él era un gran corazón, podía hacer las cosas que en la realidad no le era posible. Les contaba que soñaran, que trataran de traer de sus sueños todo aquello que la realidad no les dejaba tener. Los sueños son importantes, tanto más que la realidad, decía. Los chicos, los jóvenes, lo consideraban un loco, siempre solo en la plazoleta, siempre en el mismo banco, siempre hablando de sus sueños, de su obsesión.

Llegaba a su casa, luego de pasar todo un día entero caminando por la plazoleta, ponía su música, preparaba algo para comer, y se acostaba. Se dormía, pero no podía soñar. Despertaba, tomaba un vaso de leche tibia, y volvía a acostarse, pero esa creencia de la leche tibia, no le hacia efecto alguno. Seguía despierto, sin poder dormir, sin poder soñar.

Luego de unos días, sintió, cuando estaba acostado, una gran felicidad, no supo por qué. En unos minutos estaba dormido, soñando nuevamente. Sintió un gran alivio, nuevamente pudo ver, pudo tocar, pudo estar con lo que más quería. No despertó, ese sueño se convirtió en eterno, todavía sigue soñando con todo lo que quiere, con todo lo que le fue negado en su vida. Es feliz. Luego de tantas penas en esos últimos años, consiguió lo que tanto había buscado. Soñar eternamente.

domingo, enero 4

6 cuentos para aburrirse en verano (Segunda entrega)...

Llega la segunda entrega de "6 cuentos para aburrirse en verano"... Nuevamente otro cuento de Alberto Cantarilla. El segundo de la serie...
Titulado:

El Espejo

El espejo los miraba, los veía reflejarse y sin ser visto inspeccionaba cada movimiento de las personas que pasaban frente a él. También veía pasar todo lo demás, pasar el tiempo, los coches. Veía pasar la vida. Empezó entonces a clasificar las vidas, cada reflejo era una nueva categoría. Así aprendió que todas las vidas eran diferentes, todas tenían algo que las distinguía, todos los latidos eran distintos.

Se maravilló de la vida, de los reflejos que veía aunque fueran fugaces instantes frente a él. Le asombraron las personas, los cambios en la gente, el pasaje del tiempo. Veía pasar los años en los reflejos, los miraba envejecer, como corrían, como esperaban, como se miraban en él.

Le gustaba ver como amaban, todas de una manera diferente, algunos con palabras, otros con gestos más sutiles y delicados, casi imperceptibles para las demás personas. Había aprendido el amor, como representarlo y repartirlo, sus reflejos le enseñaban algo cada día. Sabía que no era más que un espejo, solamente el reflejo de realidades ajenas. No podía soñar, ni sentir, simplemente reflejar exactitudes, sólo mostrar sus perfecciones.

Escuchó la vida, los consejos, comprendió las ayudas. Tuvo noción del mal y del bien, pero él no podía aconsejar sin voz, ni ayudar sin acciones. Entendió su misión, su labor en las vidas de otros. Quería reflejar otras realidades, quería omitir reflejos tristes, olvidar reflejos pasados, vislumbrar reflejos futuros. Ver el reflejo antes de que sucediera en la realidad, así comprendió el poder del tiempo y su exactitud incorruptible.

Quiso convencerse que su realidad era otra, que lo que veía delante era un reflejo y él la realidad. Trató de cambiar de lado y ser realidad. Decepcionado intentó en vano dejar de reflejar y que la realidad no se viera más en él. Siguió reflejando a las personas, los coches y todo lo demás. Jugaba a distorsionar los reflejos, se estiraba y se encogía tratando de provocar pequeñas satisfacciones en la realidad para hacer más felices sus reflejos. Condenado a repetir realidades, el espejo fue tornándose triste, pálido y opaco, no quería reflejar realidades exactas. Desanimado e inanimado, siguió siendo un reflejador de vidas pasajeras.

Siempre quiso una vida donde él pudiera ser el reflejo en un espejo.


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Alberto Cantarilla

viernes, enero 2

6 cuentos para aburrirse en verano...

"6 Cuentos para aburrirse en verano", así se llama la seguidilla de cuentos que dejo a continuación...
Vamos con el primero...

"Espera"

Se levantó de su sueño, tranquilo, descansado; ansioso de empezar el día. Su rutina cambia hoy, ya no está cansado como los demás días. Siempre le molestaba levantarse para ir al trabajo, se levantaba sin ganas, cansado. El descanso recargaba sus energías, solamente para levantarse de la cama y llegar al recinto donde finge una felicidad absoluta y sus preocupaciones y problemas se hacen insignificantes y carentes de sentido.
Esta mañana es diferente, Ella lo ha llamado. Está feliz, con fuerzas plenas, con vitalidad extrema. Quiere que el reloj avance rápido ahora y se detenga cuando esté con Ella. Le decepciona saber que eso no pasará, le desilusiona saber que el tiempo transitará lento ahora y más velozmente cuando esté a su lado. Ansía ese momento, ese instante de su presencia, de su compañía.
Aún no ha pensado donde la llevará, no le preguntará a donde quiere ir. Siente que así, lo verá como una persona poco decidida. Pero teme también que el lugar que él ha escogido no le guste, y no saber que hacer. No quiere llevarla siempre al mismo sitio, sería aburrido, se sentiría un tonto; Ella sabe que vive aquí desde que nació, y eso demostraría que conoce pocos lugares, de los muchos que hay. Él siempre ha caminado por la ciudad y ha visto cosas que cree que a Ella le gustarán.
Conoce algunos parques, algunos museos; pero sabe que no le gustan esos lugares. No tienen historia, no cuentan historias. Sólo muestran recuerdos de personas olvidadas.
Prepara café, siente su aroma. Imagina el aroma de sus cabellos. Hace tiempo que ha notado ese perfume, dulce, penetrante, inolvidable. También hace unas tostadas con pan de ayer, las comerá sin aderezos. Por la ventana medio cerrada se filtran breves ases luminosos, el sol ya ilumina sus cosas. Sus ojos imaginan ese brillo, ansían su brillo en los cabellos de esa mujer, como negativo y opuesto de colores.
Vacío y silencioso, su hogar espera la llegada de la visitante; casi tan ansioso como él, su hogar espera en silencio y sin movimientos.
Mira por las rendijas de su ventana, con su taza de humeante café caliente; le trae los mismos recuerdos que al momento de prepararlo. Sonríe y piensa que no es muy especial si ese aroma le trae siempre el mismo recuerdo.
Ha pasado el tiempo lentamente, le ha sobrado tiempo hoy. Ahora espera su llegada. Suena el timbre, quizá el sonido más esperado, el sonido más feliz, como una dulce melodía monótona.
Abre la puerta, la ve, la abraza, la huele… y siente que si la muerte lo encontrara ahora, no tendría el poder para separarlo de Ella.

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Alberto Cantarilla