Otra vez, sí... tercer cuento de la entrega, que como siempre, empieza bien y a medida que va pasando se hace cada vez más y más aburrido y feo...
Hoy "El Sueño"...
"El Sueño"
Se acostó, y sin pensar en nada, se durmió profundamente. En unos instantes empezó a ver y sentir aquello que la realidad y la vida no le dejaba ver, tener o tocar.
Sintió una gran felicidad, su sueño era su realidad más querida. Su irracionalidad, o su razón dormida eran todo lo que quería. Algunas veces pensaba en no despertar, en quedarse para siempre en ese sueño, en dormir eternamente para estar con lo que quería. Pero despertaba, se alejaba de todo lo que deseaba; entonces pensaba en que cuando terminara el día, se reencontraría con todo eso.
Así vivía, peleando con sus pensamientos durante el día, para reencontrarse con las cosas más queridas en la noche, en sus sueños, en sus pensamientos más oscuros, ocultos, privados. Así era feliz, sabiendo que todas las noches podría tener todo lo que deseaba.
Fue envejeciendo, como le pasa a todas las personas que entran en años, fue durmiendo cada vez menos horas. Se fue deprimiendo, cada vez tenía menos tiempo para soñar. Estaba insomne gran parte de la noche, pensaba que estaba muriendo, que estaba perdiéndolo todo, todo eso que tenía tan solo en sueños. Sus sueños se fueron pareciendo, cada vez más, a su realidad despierta. Vagaba las mañanas y las tardes por la ciudad, mirando todo, tratando de tomar sueño, de cansarse, para encontrarse con todo lo que quería a la noche. Pero nada lo agotaba para poder dormir por noche.
Seguía el viejo paseando por la ciudad, ya encorvado, de bastón, marcado por las penas, por los años. Caminaba lentamente, mirando el suelo, decepcionado. Se sentaba en los bancos de una plazoleta, alimentaba las palomas con sus penas, hablaba con algunos chicos, les contaba lo bueno que era soñar, lo feliz que era cuando soñaba. Les contaba historias de sus sueños, las cosas que hacía, los lugares que conocía. No existía la tristeza en sus sueños. Él era un gran corazón, podía hacer las cosas que en la realidad no le era posible. Les contaba que soñaran, que trataran de traer de sus sueños todo aquello que la realidad no les dejaba tener. Los sueños son importantes, tanto más que la realidad, decía. Los chicos, los jóvenes, lo consideraban un loco, siempre solo en la plazoleta, siempre en el mismo banco, siempre hablando de sus sueños, de su obsesión.
Llegaba a su casa, luego de pasar todo un día entero caminando por la plazoleta, ponía su música, preparaba algo para comer, y se acostaba. Se dormía, pero no podía soñar. Despertaba, tomaba un vaso de leche tibia, y volvía a acostarse, pero esa creencia de la leche tibia, no le hacia efecto alguno. Seguía despierto, sin poder dormir, sin poder soñar.
Luego de unos días, sintió, cuando estaba acostado, una gran felicidad, no supo por qué. En unos minutos estaba dormido, soñando nuevamente. Sintió un gran alivio, nuevamente pudo ver, pudo tocar, pudo estar con lo que más quería. No despertó, ese sueño se convirtió en eterno, todavía sigue soñando con todo lo que quiere, con todo lo que le fue negado en su vida. Es feliz. Luego de tantas penas en esos últimos años, consiguió lo que tanto había buscado. Soñar eternamente.